viernes, 2 de marzo de 2018

Tiempo

Estanque de agua en que navego, en que me hundo, en que naufrago. Con un viento que no sopla, sobre una barca de timón enmohecido. Eso es todo. Eso es todo. Girar en círculos. Con horizontes por doquier, inalcanzables.

Sin punto de partida, no existen los retornos. Espera inútil e inacabada. Atrás y hacia adelante, falso eufemismo. Tormenta imaginaria, simulada lucha. No hay nada qué vencer. No hay enemigos. Fragmentación imposible, condición de testigo.

Observo mis recuerdos en lo alto de un castillo. Mi mirada no alcanza a llegar al principio. Sin tiempos verbales, como en los sueños, lo que fue vuelve a ser; lo que es, no habrá sido.

Como en un sueño. Eso es. Como en un sueño. Va a diluirse al alba y, con él, tu yo conmigo. 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Cordura

Me pongo a escribir, casi con desgano, casi con miedo. Hace tanto que no lo hago. Me he acostumbrado a las palabras que no dicen nada pretendiendo todo. Me he acostumbrado a parecer sensato, sobreviviendo a mi locura. Y todo dicen: qué bien, qué a tono, cuánta elocuencia. Y yo me río. Qué me queda. En este mundo de ficciones, no parece haber otro remedio. Me levanto a las seis de la mañana. Me duermo puntualmente a las doce. No queda tiempo para nada. Ni para estar loco ni para ser un imbécil. Ese es el secreto de la cordura. Estar cuerdo de cansancio. Estar cansado de locura.

jueves, 11 de julio de 2013

Pudores insanos

Está bien. Ha llegado la hora de confesarlo sin remedio: soy un tipo muy pudoroso. Me da vergüenza que se sepa que también soy el que escribe estas cosas con humor ninguno. Que no hay sarcasmo ni atisbo de sonrisa cuando escribo estas palabras. Que es mi forma de decir, a gritos, el eco de la ausencia; que quiero contar, entre eufemismos, el secreto a voces de mi autoinfringida condena.

Como siempre. Mañana voy a reírme con todos, voy a burlarme de todo a través de mi mismo. Sarcasmo inacabado. Sonrisa media luna. Juguemos a fingir que yo me río y tú me crees la causa de mi risa espuria.

martes, 18 de junio de 2013

Trato de volver. No lo consigo. Trato de encontrar un cúmulo de letras transformadas en palabras. Hacer la genealogía de la tristeza. Ir yendo lentamente hacia atrás para saber causas, para comprender los efectos. Esta forma de llorar con palabras acaso reivindique las lágrimas. Esta forma de tocar en una puerta debajo de la lluvia quizás encuentre un portero que pregunte del otro lado el nombre de quien llama. 

martes, 25 de diciembre de 2012

El vuelo de la mariposa


Ah llegado la hora de soltarlo. Que el viento lo lleve lejos. La imagen se va elevando. El hilo se termina. Me resisto un poco, aún quiero llevarlo. Pero ya no más. Primero es una nítida forma, luego un cúmulo de colores yendo hacia arriba y hacia el este. Al final una mancha, un punto que se va perdiendo de mi vista. Una sospecha; yo ya no podré saberlo. Bajo la vista. Vuelvo a casa. Sobre mí, en algún punto en el cielo el viento lo desmadeja y lo lanza, vencido, de nuevo hacia la Tierra. Papalotl significa mariposas, flores voladoras, movimiento.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Causas perdidas

Ahora que he dado por perdidas todas las causas, he llegado al lugar de las causas perdidas. He perdido la mirada del pasado. No comprendo nada de lo que me dicen. Todo ocurre en medio de la bruma. Como si todo fuera absurdo, vacio, interminable.

El retorno de los nombres.

He vuelto. Las cosas me llaman de nuevo a este sitio donde me resguardo de la tormenta que sopla afuera. Se anuncia un huracan interminable. Sin acentos porque escribir aqui no lo permite. Como un augurio que he perdido el acento para enunciar las palabras y los nombres. La voz se calma a medias. Ahora que he perdido a todos los lectores, puedo escribir aqui como viniendo de hurtadillas.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Esperanza

No. Otra vez no. Otra vez nada. Otra vez el tiempo y el silencio y las horas y el lento transcurrir de los días que se alarga y se alarga y se alarga y parece que no terminará nunca.

Pero terminará tarde o temprano. Y saberlo es lo más cercano a la esperanza.

miércoles, 11 de abril de 2012

Doblego el corazón a media asta
en el luto podrido de un te quiero.
Vencido me cuadro, aunque no basta,
y hago honor a la bandera del recuerdo.

Tan marcial como un soldado malherido,
marcho al compás de una diana plañidera,
al paredón avanzo sin testigos,
sin ninguna voluntad; ni la postrera.

sábado, 15 de octubre de 2011

Es la hora. Tic. Tac. La tenue luz del techo no alcanza a iluminarme. Todo el mundo duerme. Yo intento que las letras no se muevan de su sitio. Es preciso corregir varias veces. Un trago más, ya no hay cigarros. Qué miedo estar despierto a estas horas. No estás. No estoy. No está nadie. Glu, glu. Tintineo de hielos. Piedad del lóbrego dolor que me aconseja. Bang. Bang. Otra vez, la pistola está vacía. Encontrará una bala más tarde que temprano.

jueves, 9 de junio de 2011

Las hormigas

Hace casi 3 años, aunque casi 2 en realidad, comencé a intentarlo. Qué puedes perder, me dije. Hice un plan, o el boceto de uno. Si la vida no tenía ningún sentido, y de eso estaba muy convencido, y tampoco me atrevía a ponerle fin, habría que inventarse un quehacer mientras tanto. Me he vuelto muy funcional desde entonces. Trabajo, vivo a crédito, mis amigos se ríen de mis chistes y las chicas terminan en mi cama. Hasta hay ocasiones en que consigo divertirme sinceramente. Y, sin embargo, me asomo aquí, como no queriendo, como no sabiendo, como sin darme cuenta y aún miro a las hormigas desfilando en la frontera entre el suelo y la pared.

martes, 12 de abril de 2011

Excento como no estoy de crisis, la de ahora es literaria. Eufemismo para decir que están todas en una. Es efecto, que no causa. He roto de un tirón una docena de páginas que no alcanzaban más que para dos frases, estás sí, sosteniéndose por sí solas. Dos semanas para dos frases. Hagamos caso a la chica de las cuentas: Si escribo una frase por semana y una cuartilla consta de cincuenta, entonces tenemos una cuartilla por año. En cien años, la soledad habrá vencido.
Lo más engañoso de todo, es el ojo del huracán. En el centro, no se sabe que está pasando al rededor. Todo es calma. Cuando el viento lo mueva, hemos de irnos con él, girando con el vértigo incesante que se lleva todo consigo. ¿A dónde habrá de lanzarnos?
En cruel venganza al abandono, he dejado este blog en una pausa que ha durado varios meses. Era una franca huída a lo que representa. Pero no se puede huir de aquello que siempre va contigo. Desarmemos en los minúsculos trozos del rompecabezas la historia que me falta. Por tu jodida culpa, Fanshawe, estoy de vuelta.

Tiempos Viejos, Gardel.

"¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya,


que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?

Casi me suicido una noche por ella

y hoy es una pobre mendiga harapienta

¿Te acordás, hermano, lo linda que era?

Se formaba rueda pa' verla bailar

Cuando por la calle la veo tan vieja

doy vuelta la cara y me pongo a llorar."

viernes, 18 de marzo de 2011

Retornan las cosas a llamarse nada. Retornan los tiempos a llamarse ayer. Dos pasos adelante son cuatro de regreso. Otra vez las causas se vuelven un por qué.

Este hoy se convierte en un luego. Mañana no es siquiera un tal vez. La aguja que gira de derecha a izquierda se ha detenido.

Esta lista de palabras no comprenden bien el qué.

lunes, 11 de octubre de 2010

Toc, toc. Alguien llama a la puerta. Nadie responde. La casa está vacía. Sólo el viento es el que canta.

viernes, 23 de julio de 2010

El insomnio es una cosa muy persistente

El insomnio es una cosa muy persistente. Maldita, maldita, maldita sea. 20 minutos, una hora, luego dos, luego 3; una noche y otra y otra y otra más. Ruido de sirenas. Vuelta a la izquierda. Vuelta a la derecha. Colchón mullido, sábanas calientes. Lechuga, pastillas, música suave, ni gota de café. Nada sirve. Monserga de amigos y doctores. Monserga de bípedos durmientes que a las 9 en punto, pase lo que pase, con lechugas o sin ellas, se olvidan de que el mundo existe. Y uno aquí, testigo de plácidos hombres que sueñan, sin poder apagar esa máquina, esa máquina, esa máquina que no se para nunca. Por fin se comprende que no se puede más. El cañón justo en el paladar, apretando fijo para que no se mueva, el sabor a metal en la saliva. Sudor frío. Paf. Las luces se apagan por completo. Oscuridad. Silencio. Sólo un instante, un instante imperceptible. Después, como si nada, 20 minutos, una hora, luego dos, luego 3; una noche y otra y otra y otra más. Ruido de sirenas. Vuelta a la izquierda. Vuelta a la derecha. Colchón mullido, sábanas calientes. Lechuga, pastillas, música suave, ni gota de café. Nada sirve. Monserga de amigos y doctores. Monserga de bípedos durmientes que a las 9 en punto, pase lo que pase, con lechugas o sin ellas, se olvidan de que el mundo existe. Y uno aquí, testigo de plácidos hombres que sueñan, sin poder apagar esa máquina, esa máquina, esa máquina que no se para nunca.

sábado, 27 de marzo de 2010

Arriba desde el fondo de las cosas, más allá del lugar o de la hora. Del punto exacto donde mana, nadie es capaz de asegurarlo. Hay quien afirma que la noche le es propicia, que del silencio la causa proviene. Mas yo sé que lo mismo a media noche a medio día, con lluvia torrencial o el sol a plomo, en medio de la paz de una habitación tranquila o al borde del delirio, rodeado por una multitud que aclama y pide a gritos que repitas el último discurso o en la penumbra de una calle solitaria, ha de llegar, súbita, aunque infalible, de nuevo la nostalgia.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Obituario

Espero las completas que no arriban
Y en tanto otra vez me han avisado:
Me voy quedando solo de modo irremediable.

Tu fórmula, más infalible que la mía,
Fue el mejor modo de llevarme la contraria.
Yo ando siempre al borde de la línea,
Tú decidiste cansarte de cruzarla.

Tu herencia, la mujer que ambos perdimos,
Las risas a media madrugada,
Fa dies que no sé quants dies fa,
Aquel libro de pastas deshojadas.

Te adeudo algunos gramos de inocencia
La cuenta va por mí en la siguiente
Con un verso mutilado haré una línea
Y la folía aspiraremos hasta el fondo.

Yo estoy aquí serpenteando tu obituario,
Tú, más allá, huyendo del insomnio
Tengo que confesar que, como siempre,
Te detesto por dormirte tan temprano.