Doblego el corazón a media asta
en el luto podrido de un te quiero.
Vencido me cuadro, aunque no basta,
y hago honor a la bandera del recuerdo.
Tan marcial como un soldado malherido,
marcho al compás de una diana plañidera,
al paredón avanzo sin testigos,
sin ninguna voluntad; ni la postrera.